El partido comunicacional: el nuevo desafío de la política dominicana
Por Bill Peña
Opinión
La política dominicana está entrando en una etapa en la que los partidos ya no pueden depender exclusivamente de las estructuras territoriales, los mítines y la propaganda tradicional.
La transformación tecnológica y el cambio en la forma en que los ciudadanos reciben y procesan la información obligan a construir un nuevo modelo de organización: el partido comunicacional, una estructura política capaz de escuchar, interpretar, comunicar y responder de manera permanente a las necesidades de la sociedad.
Un partido comunicacional moderno debe contar con una Dirección Nacional de Comunicación que vaya mucho más allá de una oficina de prensa. Su responsabilidad debe ser estratégica: definir y coordinar el mensaje político, garantizar coherencia entre la dirección nacional, las provincias, municipios y candidatos, y desarrollar una comunicación adaptada a los distintos sectores de la población. A esto debe agregarse un centro de monitoreo capaz de seguir diariamente las redes sociales, los medios de comunicación, las tendencias de opinión pública y las principales preocupaciones ciudadanas, convirtiendo esa información en inteligencia política para la toma de decisiones.
La comunicación, además, no puede estar concentrada exclusivamente en Santo Domingo. Debe existir una verdadera comunicación territorial, organizada desde el nivel nacional hasta las provincias, municipios, distritos municipales y comunidades. Cada estructura debe conocer los problemas de su entorno y tener capacidad para comunicarlos. De esta manera, el partido puede construir una relación permanente con la ciudadanía y evitar que su discurso nacional ignore las realidades particulares de cada territorio.
Otro elemento fundamental es la formación de dirigentes comunicadores. En la política moderna no basta con tener dirigentes organizadores; también se necesitan líderes capaces de explicar, argumentar y defender propuestas ante los ciudadanos. Oratoria, debate, entrevistas, comunicación digital, elaboración de discursos, manejo de crisis, argumentación política y utilización de datos y estadísticas deben formar parte de una capacitación permanente para los cuadros políticos.
El partido comunicacional también necesita una verdadera fábrica de contenidos, capaz de transformar una misma idea política en diferentes formatos. Videos cortos para TikTok, Instagram y Facebook; mensajes para WhatsApp; análisis para YouTube; artículos de opinión para la prensa; infografías para las redes y discursos para las actividades políticas. La comunicación debe ser dinámica, segmentada y adaptada a los hábitos de consumo de información de cada generación y sector social.
Pero quizás el cambio más importante consiste en abandonar una comunicación centrada exclusivamente en los dirigentes y las actividades internas para colocar en el centro los problemas de la población. Empleo, seguridad ciudadana, costo de la vida, salud, educación, vivienda, transporte, agricultura, agua y electricidad deben convertirse en temas permanentes de la agenda política. La pregunta que debe orientar la comunicación es sencilla pero trascendental: ¿qué problema de la gente estamos tratando de solucionar?
También debe existir una identidad comunicacional diferenciada para cada nivel de liderazgo. El líder nacional debe presentar una visión de país; el dirigente provincial debe concentrarse en los problemas de su provincia; el dirigente municipal debe plantear soluciones locales, y los candidatos deben presentar propuestas concretas para sus respectivos electores. Esto permitirá evitar la repetición mecánica de consignas y hará que cada dirigente tenga una voz propia dentro de una estrategia política común.
Finalmente, un partido comunicacional no debe confundir propaganda con comunicación política. La propaganda dice: “somos los mejores”; la comunicación moderna plantea: “este es el problema, estos son los datos, esta es nuestra propuesta y así pensamos resolverlo”. El modelo debería ser permanente: ciudadanía → escuchar → analizar → proponer → comunicar → movilizar → evaluar, para luego comenzar nuevamente.
Ese puede ser el gran desafío de los partidos dominicanos: dejar de ser organizaciones que solamente buscan a la gente durante las elecciones y convertirse en instituciones políticas que escuchan, comunican y mantienen una relación permanente con la sociedad.

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