De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno
Por Francisco Luciano Opinión Cuenta la historia que varios hijos de un mismo matrimonio, siendo hermanos, terminaron enemistados entre sí. No porque sus diferencias fueran irreconciliables, sino porque, en lugar de conversar directamente sus problemas y situaciones, permitieron que la inquina se metiera en sus asuntos familiares. La inquina siempre está al acecho, especialmente de las almas nobles. Se aprovecha de esa nobleza para actuar como mensajera interesada: lleva y trae, pero siempre exagera lo que transmite, distorsiona lo que escucha y agranda lo que cuenta, hasta lograr indisponer a unos contra otros. De esa división vive y se alimenta.