La deuda pública: República Dominicana
Por Danilo Feliz Medina
OpiniónLa deuda pública genera preocupación, y con razón. Cada vez que escuchamos que la República Dominicana aumenta sus compromisos financieros, surge la misma pregunta:
¿Estamos avanzando al ritmo de nuestro endeudamiento? La respuesta no depende únicamente del monto de la deuda, sino del uso que se haga de esos recursos.
Ningún país moderno está libre de endeudarse. Grandes economías como Estados Unidos, Japón, Francia y Alemania también recurren al financiamiento para impulsar su desarrollo. La diferencia entre una deuda que fortalece a un país y una que lo debilita está en la calidad de las inversiones que financia.
Sería injusto negar que la República Dominicana haya progresado. En las últimas décadas se han construido carreteras, hospitales, escuelas, puentes, líneas del Metro, puertos y aeropuertos. La economía dominicana ha mantenido un crecimiento destacado en América Latina y se ha consolidado como un destino atractivo para la inversión y el turismo.
Sin embargo, esos avances conviven con problemas que llevan décadas afectando a la población. Persisten deficiencias en la calidad de la educación, desafíos en el sistema de salud, inseguridad ciudadana, dificultades en el sector eléctrico y desigualdades que limitan las oportunidades de miles de dominicanos.
Cada ciudadano, incluso quienes aún no han nacido, asumirá parte del costo de la deuda pública. Por eso, el verdadero debate no debe centrarse únicamente en cuánto debemos, sino en qué estamos construyendo con esos recursos.
Cuando un préstamo financia infraestructura productiva, hospitales modernos, escuelas de calidad, sistemas de agua potable o proyectos que generan empleos y crecimiento económico, la deuda se convierte en una inversión para el futuro. Pero cuando esos recursos se destinan a gastos improductivos o carecen de transparencia, el país compromete el bienestar de las próximas generaciones sin obtener beneficios duraderos.
La responsabilidad fiscal no consiste únicamente en reducir el endeudamiento, sino en administrar los recursos públicos con eficiencia, transparencia y visión de largo plazo.
Cada peso prestado debe traducirse en obras y servicios que mejoren la calidad de vida de la población y fortalezcan el desarrollo nacional.
La República Dominicana posee un enorme potencial. Contamos con una economía dinámica, una ubicación estratégica y un pueblo trabajador que ha demostrado su capacidad para superar grandes desafíos. Ahora corresponde asegurar que cada decisión financiera contribuya a construir un país más competitivo, más equitativo y con mayores oportunidades para todos.
La historia no juzgará a esta generación por el tamaño de la deuda que asumió, sino por el legado que dejó. El verdadero patrimonio de una nación no está en los préstamos que recibe, sino en las oportunidades que crea para su gente.

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