La Cuba Pre-Revolucionaria: La República Neocolonial

I. Introducción: Una Patria Adoptiva en Tiempos de Crisis


                                                                            Opinión 


En 1990 llegué a Cuba en una doble condición: como representante político del Partido de los Trabajadores Dominicanos y como estudiante, para cursar una Maestría en Literatura Hispánica en la Universidad de La Habana. No imaginaba entonces que aquel arribo no sería solo académico ni político, sino profundamente humano, casi iniciático. Cuba no se me presentó como un destino: se me reveló como una experiencia.

Apenas pisé la isla, algo comenzó a desarmar mis certezas. Durante todo el trayecto desde el aeropuerto hasta la residencia donde fui alojado, no vi militares armados. Ninguno. Si la memoria no me falla —y no suele hacerlo cuando se trata de impresiones tan nítidas—, tampoco los vi durante los dos años que viví en Cuba. Aquella ausencia, silenciosa pero contundente, operó como un primer golpe a los estereotipos con los que inevitablemente había llegado.

Nunca fui registrado. Nadie me interrogó, nadie me vigiló, nadie me exigió explicaciones. No hubo formularios, ni sospechas, ni gestos de control. Me moví con una libertad serena, natural, casi desconcertante para quien proviene de sociedades donde el poder suele hacerse visible a través de la desconfianza.

Me sorprendió —y confieso que me descolocó— no encontrar vallas propagandísticas ni bustos de Fidel Castro. En su lugar, omnipresente y casi íntimo, estaba José Martí. Martí en las escuelas, Martí en los parques, Martí en la palabra cotidiana. El apóstol de la independencia, el poeta, el pensador moral, el humanista radical. Fue entonces cuando comprendí algo esencial: el pensamiento que envuelve y sostiene a la Revolución Cubana no es, en su núcleo, marxista ni leninista, sino profundamente martiano. Los niños son educados bajo ese ideario libertador, ético y emancipador. Paradójicamente, me quedé con el deseo —una suerte de frustración intelectual— de escuchar y debatir más sobre marxismo o leninismo, porque lo que respiré fue, ante todo, una revolución anclada en José Martí.

Me impactó la devoción colectiva por la ciencia, el arte y la cultura. No como adornos, sino como pilares. Cuba no es solo un proyecto político: es una sociedad cultural, donde el conocimiento, la creación artística y la formación intelectual constituyen una forma de resistencia y de afirmación nacional.

También viví la solidaridad con los pueblos de América y del mundo. Una solidaridad tangible, concreta, ejercida sin retórica vacía. Se expresa en la educación, en la salud, en la lucha contra la colonización y el sometimiento. Miles de estudiantes provenientes de los más diversos rincones del planeta dan testimonio vivo de esa vocación internacionalista que no se declama: se practica.

Finalmente —y quizá lo más hondo, lo más conmovedor—, el valor y el coraje del pueblo cubano frente a toda forma de dominación extranjera. Ese temple lo viví de manera directa durante el llamado Período Especial en Tiempo de Paz, decretado en 1991 tras el colapso de la Unión Soviética y del Bloque Socialista, sus principales aliados comerciales. Ante una adversidad extrema, sin precedentes, el pueblo cubano no se replegó ni se quebró: se lanzó a respaldar las medidas heroicas impulsadas por el gobierno para sobrevivir en circunstancias extraordinariamente duras. Digno es destacar el papel de la juventud, de las mujeres, los artistas y de la clase trabajadora, que asumieron con dignidad, sacrificio y conciencia histórica uno de los momentos más difíciles de la Cuba contemporánea.

Eso es lo que anida en mi corazón sobre Cuba: mi tercera Patria.

II. La Cuba Pre-Revolucionaria: La República Neocolonial

Antes de 1959, Cuba era un ejemplo de dependencia y desigualdad extrema. La economía era un enclave controlado por monopolios estadounidenses del azúcar, los servicios y el turismo (casinos y mafia incluidos). El paisaje social estaba marcado por un campesinado sin tierra, desempleo masivo y prostitución generalizada. Institucionalmente, se practicaba un apartheid criollo, con «aceras para blancos» en provincias como Oriente y clubes exclusivos que segregaban a la población negra. El Estado, títere de Washington, se sostenía mediante una policía política (SIM) corrupta y represiva, dedicada a la tortura y el asesinato de opositores.

III. Origen y Triunfo de la Revolución (1953-1959)

La respuesta a este orden injusto tuvo su grito fundacional en el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Fidel Castro, en su alegato de defensa «La Historia me Absolverá», expuso el programa revolucionario. Tras el desembarco del yate Granma en 1956, la guerrilla se arraigó en la Sierra Maestra, apoyada por un movimiento clandestino urbano y el pueblo campesino. El Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo convergieron en una lucha que culminó con la huida del dictador Fulgencio Batista y la entrada triunfal del Ejército Rebelde en La Habana el 1 de enero de 1959.

IV. Figuras Fundamentales y Medidas

Transformadoras

El liderazgo de la Revolución tuvo rostros inconfundibles: Fidel Castro, el estratega y orador; Ernesto «Che» Guevara, el internacionalista y símbolo ético; Camilo Cienfuegos, el héroe del pueblo; y mujeres esenciales como Vilma Espín, Haydée Santamaría y Celia Sánchez. Bajo su conducción, se ejecutaron transformaciones radicales: la Campaña de Alfabetización (1961) erradicó el analfabetismo en un año; se creó un sistema de salud gratuito que formaría miles de médicos; y las Reformas Agraria y Urbana redistribuyeron la tierra y garantizaron el derecho a la vivienda.

Como resume el intelectual y dirigente de izquierda dominicano, Rafael Chaljub Mejía, en su artículo del periódico El Día: «La revolución triunfante empezó una reforma agraria cabal y justa y para demostrar que eso no funcionaba, los norteamericanos recurrieron hasta a la guerra bacteriológica contra la agricultura; una campaña de alfabetización que en un año eliminó el analfabetismo, entonces, el imperialismo organizó bandas armadas que en más de un caso llegaron al asesinato de brigadistas alfabetizadores; querían demostrar que el sistema de salud de Cuba era un fracaso y, mediante el soborno y otros medios sucios, provocaron una estampida de médicos que solo pudo ser superada en sus efectos por el acierto del gobierno revolucionario que formó nuevos médicos, suficientes para atender su pueblo y servirle al mundo; y la agresión armada en gran escala como en Girón, los sabotajes, el terrorismo, la guerra sucia y la guerra económica elevada a niveles inimaginables contra Cuba y contra quien comercie con Cuba. ¿Cuál sistema funciona exitosamente bajo un asedio igual?».

V. Guía Ideológica: José Martí, el Alma de la Resistencia

La savia que nutre esta resistencia no es ajena. José Martí es el «alma viva» de la Revolución Cubana. Su pensamiento antiimperialista, sintetizado en frases como «Viví en el monstruo y le conozco las entrañas», constituyó desde el siglo XIX una «cultura de resistencia» que trascendía a una «cultura de liberación». Martí advirtió del peligro anexionista y definió al vecino del norte como un «vecino esencialmente hostil y diverso», la «Roma americana». Pero su legado es positivo: soñó con una república donde «la ley primera (…) sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre». Fidel Castro lo proclamó autor intelectual del asalto al Moncada, y su ideario de justicia social, soberanía y unidad nacional sigue siendo el escudo moral del pueblo cubano.

VI. Solidaridad Internacional: Un Principio en Acción

Este ideario martiano se proyectó al mundo mediante un internacionalismo proactivo. Cuba ha desplegado misiones médicas y educativas en más de 100 países. La Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) ha becado a decenas de miles de jóvenes del Tercer Mundo. Su contribución fue decisiva para la liberación de África, destacando la Operación Carlota en Angola, que contribuyó al fin del apartheid. Esta solidaridad, que yo vi materializarse en las aulas de la Universidad de La Habana, no es retórica: es la práctica de un principio.

VII. El Asedio: Agresiones y Bloqueo de Estados Unidos

La respuesta de Washington a la soberanía cubana fue una escalada hostil. La Ley de Reforma Agraria de 1959 detonó la agresión. Le siguieron el sabotaje al vapor La Coubre (1960), con alrededor de 100 muertos y cerca de 400 heridos; la invasión de Bahía de Cochinos (Playa Girón, 1961), derrotada en 72 horas; la Crisis de los Misiles (1962); y más de 600 intentos de asesinato contra Fidel Castro bajo la Operación Mangosta. Gran parte de estos sabotajes y atentados criminales aparecen en los desclasificados de la CIA.

Sobre todo esto, se impuso el bloqueo económico, comercial y financiero, formalizado en 1962. En 1994, Fidel Castro lo definió con precisión: «El bloqueo es una guerra económica contra Cuba. Es la presión, tenaz, constante de toda gestión económica de Cuba en cualquier parte del mundo. EEUU trabaja activamente, a través de sus canales diplomáticos, sus embajadores para presionar a cualquier país que quiera comercializar con Cuba… Es la guerra universal con ese gran poderío a su favor contra la economía de nuestro país». Esta no es una mera sanción; es, como Cuba lo denuncia, un acto de guerra en tiempo de paz.

VIII. El Colapso y la Resistencia: El Período Especial (1991 – ~2000)

La resistencia cubana enfrentó su prueba más dura con la disolución de la Unión Soviética en 1991. De la noche a la mañana, Cuba perdió el 85% de su comercio exterior y el suministro de petróleo. Se decretó el «Período Especial en Tiempo de Paz».

La disolución de la URSS significó la pérdida abrupta del comercio preferencial, del suministro estable de combustible y de la ayuda económica y militar. Aunque no existía un conflicto bélico formal, la magnitud de la crisis hizo que la situación económica se asemejara, en muchos aspectos, a una auténtica guerra económica.

De manera repentina, el Producto Interno Bruto (PIB) sufrió una contracción superior al 35%, como consecuencia directa de la pérdida de subsidios y del suministro de petróleo. Esto provocó una escasez generalizada: prolongados apagones, colapso del transporte, paralización del sector industrial y una severa falta de alimentos. La nutrición diaria promedio cayó drásticamente, de 3,052 calorías en 1989 a 2,099 en 1993, con informes que señalan cifras aún más bajas. La tasa de mortalidad entre los ancianos aumentó en un 20% en ese mismo período.

Ante este escenario extremo, el gobierno se vio obligado a adoptar medidas de supervivencia y a imponer un racionamiento riguroso. Fue una época de «inventar o morir». Las calles se llenaron de centenares de miles de bicicletas y los icónicos «camellos» (enormes buses adaptados) para suplir la falta de combustible. La agricultura se reconvirtió forzosamente a la permacultura y los organopónicos (huertos urbanos orgánicos).

Yo fui testigo de esta epopeya silenciosa. Vi cómo el pueblo, especialmente las mujeres, los jóvenes, los artistas y los trabajadores, asumieron con una dignidad inconmensurable uno de los momentos más difíciles de su historia. La economía comenzó a mostrar signos de recuperación a partir de 1994, pero el trauma y las lecciones de aquella resistencia forjada en la escasez perduran.

IX. Recrudecimiento del Asedio: Helms-Burton y Bloqueo Total

Lejos de ceder, el asedio se recrudeció. La Ley Helms-Burton (1996) codificó el bloqueo, otorgándole carácter extraterritorial para perseguir a empresas de terceros países que comerciaran con Cuba. Su objetivo declarado era «favorecer una transición» hacia el capitalismo, pero su efecto real es el estrangulamiento económico total. Esto se tradujo en un bloqueo financiero y digital: más de 100 bancos extranjeros suspendieron operaciones por miedo a multas; los barcos que tocan puerto cubano tienen vedada la entrada a EE.UU. por 180 días; y se limita el acceso a software, plataformas y tecnología.

X. La Cuba Actual: Crisis Multidimensional y la Era Post-Fidel

Hoy, Cuba vive una crisis multidimensional que evoca los peores momentos del Período Especial. Factores externos e internos se superponen: el recrudecimiento máximo de 243 sanciones durante el gobierno de Trump, mantenidas por Biden; el impacto de la pandemia; una crisis energética con apagones recurrentes; inflación galopante; escasez aguda de alimentos y medicinas; y una ola migratoria récord. Las protestas sociales del 11J (2021) fueron un reflejo de este descontento acumulado.

Esta crisis se desarrolla en la era post-Fidel. Su fallecimiento en 2016 marcó el fin de una era carismática y coincide con un momento de máxima presión externa y desafíos internos de gobernanza. La dependencia del turismo y las remesas se ha vuelto crítica, y la llamada «diplomacia del chantaje» de EE.UU. presiona activamente a posibles socios comerciales de la isla.

XI. La Comunidad Internacional y Cuba: Un Consenso sin Consecuencias

Frente a esta política de asfixia, la comunidad internacional ha sido clara. En la Asamblea General de la ONU, la votación para pedir el fin del bloqueo es un ritual de consenso abrumador: 187 países a favor, 3 en contra en 2023.

Según el gobierno cubano, los daños materiales del bloqueo entre marzo de 2024 y febrero de 2025 ascendieron a 7,556.1 millones de dólares, un incremento del 49% respecto al período anterior. Esto representa pérdidas de aproximadamente 20.7 millones de dólares por día, o 860 mil dólares por hora. Las pérdidas acumuladas en más de seis décadas de bloqueo, tomando en cuenta el valor del oro para evitar la depreciación del dólar, ascienden a 2.1 billones de dólares.

Es una muestra del aislamiento diplomático de Washington, no de La Habana. Foros regionales como la CELAC y el ALBA-TCP también han expresado su apoyo. Sin embargo, este consenso choca con la realidad del veto implícito del poder estadounidense en el sistema internacional.

XII. Conclusión: Llamado a la Acción. De la Votación a la Presión

Llegados a este punto, es necesario ir más allá del análisis. Basta ver la pizarra electrónica de la ONU, iluminada año tras año, anunciando que 187 países votan contra el bloqueo. Pero esa votación, en los hechos, no vale nada, porque uno de esos tres posee el derecho de vetar cualquier resolución que contraríe sus intereses. Esto convierte el ritual en una esterilidad condenatoria.

¿Qué implica esto? Implica que esos 187 países, la inmensa mayoría de la comunidad internacional, deben buscar otras opciones fuera de las brillantes pizarras de la ONU; opciones que realmente puedan socavar ese bloqueo que, de manera paulatina, se ha convertido en un crimen de lesa humanidad.

Ha llegado la hora de actuar. Es momento de que las naciones que votan en la ONU asuman una postura activa, como lo expresó la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y busquen salidas concretas. La historia no absolverá a quienes, pudiendo actuar, eligieron la comodidad de la inacción. La hora de la solidaridad pasiva ha terminado; ha llegado la hora de la presión política activa.

La reciente orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 29 de enero de 2026, que declara una «emergencia nacional» respecto a Cuba y amenaza con aranceles a los países que provean petróleo a la isla, revela la esencia de esta guerra económica: un chantaje extraterritorial que busca aislar a Cuba coaccionando a terceras naciones. Trump declaró sin ambages: «Cuba no podrá sobrevivir». El canciller cubano Bruno Rodríguez la calificó como un «brutal acto de agresión».

Frente a esto, nuestra campaña debe ser clara y concreta. Debemos presionar a los gobiernos de los países proveedores —empezando por México, que era el principal proveedor con 17,200 barriles diarios en 2025— para que, en ejercicio de su soberanía, defiendan el derecho a la solidaridad y al comercio, y no cedan a esta extorsión que condena a un pueblo a la oscuridad y la escasez. Y debemos redoblar la presión sobre el gobierno de los Estados Unidos para exigir la derogación de estas medidas asfixiantes y el fin definitivo del bloqueo.

Cuba, baluarte de dignidad y soberanía, ha sido vista de rodillas por sus enemigos. La han querido muerta. Pero la verán, siempre, de pie. Y nosotros, los que la llamamos nuestra tercera patria, debemos estar a su lado, no solo con palabras, sino con una campaña de presión política irrevocable. Es momento de actuar, de presionar, de vencer.

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