Politica, economía

martes, agosto 28, 2018

Mi visión: quiereo ser presidente

Ángel Vargas

Opinión
Hay un país en el mundo en el mismo trayecto del sol… así comienza uno de los poemas más grande que identifican a la nación ubicada en la parte este de la isla La Hispaniola, la República Dominicana. País que tiene una mezcolanza de tres razas provenientes de tres continentes. Que tiene tres padres de la patrias con tres orígenes distintos. Que tiene tres colores en sus símbolos patrios. Que tiene tres poderes del Estado y tres presidentes (uno en cada poder).

República Dominicana es un país donde todo el que no tiene nada que hacer, se le ocurre ser presidente de lo que sea, no importa que sea del sindicato de vagos de cutupú, de la asociación de comerciantes de miel de abeja, de la Cámara de Diputados o de la Republica Dominicana. 

Los psicólogos sociales y los sociólogos deben realizar una investigación transversal del porque al dominicano le encanta tener el título de presidente, aunque sea de la junta de vecino del callejón de Regina. Creo sinceramente, que debe existir un estímulo incondicionado que hace a la gente aspirar aunque no reúna ningún tipo de mérito, aunque la historia de su familia sea nefasta para la sociedad dominicana, aunque haya ocupado otros puestos o cargos en el tren gubernamental y su gestión sea calificada de desastre social, aunque firme una ley prohibiendo la reelección presidencial y después alegue que eso era transitorio, aunque haya sido acusado de corrupción, aunque tenga 78 años de edad y sepa que su edad ya no le permite tener los mismos reflejos de antes. Aunque nunca haya vivido en suelo dominicano y no conozca ni mier… de cómo somos los dominicanos. Aunque solo se pase el tiempo escribiendo en las redes sociales y su familia vive del Estado. 

Todo lo anterior me recuerda el cuento del dominicano que pasó la noche poniéndole almidón (entonces no existía los líquidos modernos que se usan para planchar) el traje que usaría en la mañana siguiente porque sería juramentado como presidente de una importante empresa, cargo que le había dado el mismo benefactor. Cuando llegó al lugar, el cargo que le dieron fue de encargado de la lavandería y aun así, se sentía una súper estrella, pues en ese lugar él era el jefe. Será que eso es lo que ocurre en la actualidad con todos los dominicanos,  ¡todos queremos ser presidentes! Aunque no nos respecten ni en nuestras propias casas y no mandemos ni a nuestros propios hijos.

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