Politica, economía

domingo, noviembre 13, 2016

El mundo es como es y no como uno quisiera

Por Francisco Luciano

Opinión
Frente la campaña electoral en los Estados Unidos, establecimos una posición equidistante, considerando dos juicios para nuestra postura: 1) La elección del  presidente es un asunto  privativo de los ciudadanos  del país que lo selecciona y 2) En los Estados Unidos la voluntad de un presidente está por debajo del interés de esa gran nación y son sus instituciones las que mandan.

El primer juicio se explica en que, sin importar los deseos del resto del mundo ni las informaciones o los resultados de las encuestas que se divulgan, la decisión final la tienen los ciudadanos electores y siempre la gente votará por quien les resulte más confiable y quien tenga mayor capacidad para convencerles de que representa la esperanza de mejorar sus vidas.


El segundo juicio encuentra asidero en que, ninguno de los dos competidores, lo hacía para dirigir a la República Dominicana y mucho menos con la intención de mejorarla. 

Conociendo el peso de las instituciones de ese país y convencido de que los Estados Unidos no se detienen ante ningún principio ético o de derecho ajeno para imponer sus intereses sobre los pueblos débiles, sé que, si fuere de su interés agredir o perjudicar a la República Dominicana, poco importará quien  allí gobierne,  porque aunque como dice mi mentor y líder político, José González Espinosa “las relaciones políticas se basan en distinciones” eso no aplica para  un presidente de los Estados Unidos,  obligado a respetar las decisiones adoptadas por las instancias de poder de esa nación, sin importar su voluntad o creencia personal.

Ahora que las elecciones pasaron y que es un hecho consumado la elección del señor Donald Trump, es prudente establecer algunas consideraciones sobre ¿El porqué de  su elección y de cómo podría ser su mandato?

La aseveración de algunos analistas de que Trump no ganó, sino que Hillary perdió no tiene asidero, pues ella hizo de todo para ganar  y  el establishment  completo, incluido el presidente Obama, junto a la mayoría de medios  de comunicación de ese país y de gran parte del mundo, salió a defender con garras su propuesta. 

Aceptar que ella perdió y el no ganó, es desconocer que él tuvo una respuesta atinada ante cada ataque, como también un contra ataque despiadado y acertado frente a dichos ataques,   es negar que Trump nunca se amilanó y jamás perdió coherencia en su discurso, ni dejó de contactar a sus electores a los cuales vacunó de manera oportuna sobre las opiniones adversas  de los medios de comunicación,  indicándolos  como parte de la campaña de su adversaria, logrando que  sus parciales no le pararan bolas a los ataques que por allí se le hizo, mientras logró que esos medios le garantizaran presencia en sus primeros planos durante toda la contienda.

Al acusarlo de evasor, la campaña Demócrata no reparó en dos elementos importantes  que trabajarían la mente de los electores en favor de Trump, el primero es que si Trump es un evasor y la ley persigue a los evasores, ellos los demócratas con ocho años en el gobierno no le habían formulado cargos  por lo cual o eran sus cómplices o la campaña era falsa y el segundo es que, durante más de cinco siglos la principal industria de reproducción cultural de los Estados Unidos, el cine, viene presentando como modelo de éxito al hombre o al grupo de hombres  capaz de hacer fortuna sin importar la manera: La series sobre Al Capone, El Padrino, Rápido y Furioso  y películas como El Cara Cortada, entre otras muchas, han creado en los Estadounidenses el falso paradigma de que el éxito se mide por el tener y no por el ser o el saber y Donald Trump es el típico modelo de éxito de Estados Unidos, porque bajo cualquier circunstancia ha logrado  tener o por lo menos fijar la creencia de tener.

Quienes se aventuraron a descalificarle afirmando que de precandidato no  llegaría a candidato y luego  que de candidato no se convertiría en presidente, debieran en honor a sus equívocos guardar sus pronósticos de que será un desastre como presidente y ganarse el beneficio del tiempo. Total tendrán cuatro largos años  para estrujarle sus errores como gobernante en ejercicio, pero deben tener la paciencia de esperar que los cometa.

En cuanto a nuestro país, lo único que puede ocurrir es que continúen enviándonos dominicanos deportados por las mismas razones de antaño y que sea cambiado el controversial embajador actual y ninguna de esas dos cosas sorprenden por rutinarias y habituales.

Para el resto del mundo, cada día trae su propio afán y así como Obama no pudo imponer sus deseos de aplicar una reforma de salud, ni una reforma migratoria, ni cerrar la cárcel Guantánamo, pese a desearlo e intentarlo con todas sus energías, tampoco  Donald Trump podrá  detener el movimiento de rotación de la tierra y mucho menos podrá cambiar el curso del cosmos.

En el mundo de hoy,   aunque los  Estados Unidos continúan siendo la principal potencia en el campo económico y militar, no  pueden gobernar de espaldas a los demás países, ni tampoco imponer todas las condiciones, sin que se  provoque un  caos.  Todo tratado puede rediscutirse y hasta cambiarse, pero no de manera unilateral.

El mundo de hoy en términos económicos se asemeja a una yola donde todos estamos montados y vamos en medio del mar,  en esas condiciones, si ponemos todo el peso en un solo extremo, la yola se hunde y eso debe saberlo o lo aprenderá muy rápido el presidente Donald Trump, por lo tanto no se debe apostar a la profecía del cataclismo, pues la humanidad no tiene vocación de suicida y aunque alguna mente brillante  haya calificado a Troump  de subhumano, todos sabemos que no lo es.

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD.

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